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El Sauna

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Al beneficio que significa la relajación que implica tomar una sesión de sauna, debe agregarsele otros como: desintoxicación de la piel, limpieza de las vías respiratorias, mejora en el flujo de la sangre, el corazón bombea con más fuerza y preparación para un buen dormir, entre otros. Tanto en su fase de calentamiento como de enfriamiento.

Una tradición finlandesa dice: “En el sauna te ablandarás. Cuando sientas que te duelen las venas y te aprietan los huesos, el remedio es un sauna. Cuando tengas jaquecas, debes ir al sauna. Cuando tengas tos no podrás ir hasta que se te haya pasado. Si entras en el sauna paralizado de frío, éste se refugiará en tu corazón. Primero deberás calentarlo por dentro y, sólo después, tomar el sauna.”

Beneficios de una sesión de sauna

El tomar una sesión de sauna requiere tranquilidad y relajación. No se puede realizar con apuro. Esto ya es, en sí mismo, muy beneficioso para problemas de estrés y agobio crónico. Efecto al que se debe añadir los derivados del propio sauna y de sus dos estados o fases: el de calentamiento y el de enfriamiento.

Los beneficios son: desintoxicación de la piel, limpieza de las vías respiratorias, mejora en el flujo de la sangre, el corazón bombea con más fuerza y preparación para un buen dormir, entre otros.

Beneficios en la fase de calentamiento

En la fase de calentamiento se produce la elevación de la temperatura corporal hasta casi los 40 °C, por lo que se produce una sudoración muy fuerte y la apertura de los poros. Los beneficios que aporta esta fase son los siguientes:

– Relajación muscular y psíquica.
– Sudoración que produce la excreción de desechos y la limpieza de la piel.
– Normalización de la presión arterial.
– Acumulación de calor.
– Vasodilatación y aumento de la circulación sanguínea.
– Alteración del sistema termorregulador del cuerpo.
– Beneficios sobre el sistema respiratorio.

Beneficios en la fase de enfriamiento
En la fase de enfriamiento se produce un abrupto cambio de temperatura. Este contraste hace que se realicen cambios en el sistema sanguíneo y proporciona la recuperación de la temperatura normal del cuerpo humano. Los beneficios que se obtienen son:

– Saturación de oxígeno en la sangre.
– Contracción de los vasos sanguíneos, en contraste de la dilatación de la fase de calor.
– Normalización de la temperatura corporal.
– Estimulación psíquica.

En general, los beneficios terapéuticos del sauna son el estímulo en la circulación sanguínea (al acelerar el corazón su ritmo para llevar más sangre a la piel con el fin de enfriarla); la mejora a la respuesta del sudor que se logra forzando la sudoración con el estímulo de calor; la eliminación de toxinas que se produce mediante el sudor (también se eliminan componente beneficiosos que deben ser repuestos después de la sesión de sauna); el alivio del dolor corporal y de la artritis mediante la aplicación del calor.

Además, el sauna relaja la musculatura, limpia y desobstruye las vías respiratorias, desintoxica y expulsa las impurezas del organismo y combate enfermedades del aparato respiratorio.
Sin embargo, la frecuencia habitual o prolongada del sauna debe ser autorizada por un médico, pues ciertas patologías respiratorias y circulatorias no se benefician con la permanencia en un ambiente caliente. En estos casos, es recomendable que la frecuencia no debe superar más que una vez a la semana.

El sauna se puede combinar con otros sistemas de mantenimiento de la salud. Por ejemplo, es muy normal combinarlo con una sesión de masajes o, como hacen en Finlandia, con la aplicación de ventosas.

Para qué está indicado el sauna

El sauna está indicado directamente para los siguientes problemas:

– Estrés y preocupaciones laborales.
– Dolores reumáticos que no estén en fase aguda.
– Desintoxicaciones.
– Fortalecimientos.
– Mejora de la circulación sanguínea.
– Mejora del descanso nocturno (hay que tomarlo al menos 3 horas antes de acostarse).
– Mejora de esfuerzos y sobrecargas, pequeñas lesiones musculares, contracturas, miofibrosis, dolores de columna, lumbalgias y dorsalgias.
– Mejora en el estado de la musculatura.
– Mejora en el sistema respiratorio (faringitis y bronquitis), en especial a fumadores y personas con problemas de expectoración.
– Asma bronquítico.
– Mejora de los trastornos de la menopausia.
– Bajo control médico y por su indicación, se puede aplicar a pacientes con postinfarto en fase de reeducación y patologías coronarias asintomáticas.

Contraindicaciones del sauna

El sauna tiene incidencia en el sistema circulatorio, por lo que las probables alteraciones que se pudieran tener pueden condicionar su uso. No se debe tomar un sauna si se tiene alguna de estas enfermedades o alteraciones:

– Problemas de corazón como infarto de miocardio, estados de descompensación cardiovascular y síntomas de estenosis.
– Problemas venosos crónicos, insuficiencia venosa, síndrome postrombótico.
– Varices en fase aguda.
– Problemas de circulación cerebral, trombosis, estados tras haber sufrido infartos cerebrales.
– Tensión arterial baja.
– Hipertensión arterial de origen renal superior a 200 mmHg.
– Glaucoma.
– Hipertiroidismo.
– Tumores.
– Toxemias gravídicas severas.
– Enfermedades inflamatorias agudas internas como hepatitis y nefritis.
– Episodios de fiebre.
– Enfermedades infecciosas como hongos.
– Los tres primeros meses de embarazo.
– Embarazadas con historiales de partos prematuros

Hay que tener precaución en los siguientes casos:

– Durante la menstruación: por la bajada de tensión arterial.
– Hipertensión compensada mediante medicación: el enfriamiento se debe realizar sin ducha y progresivamente.
– En hipertensiones no medicadas: sólo se puede tomar bajo consejo médico.

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